domingo, 2 de noviembre de 2008

Levando anclas

En estos últimos meses, la vida me parece fascinante la mayor parte del tiempo y un tanto absurda, aunque muy pocas veces, otro tanto. Después de un año repleto de imágenes y de colores, vuelta de nuevo a casa, aunque sigo sin saber si realmente esta es más mi casa que Madrid o La Paz. Un mes en el que ordenar sensaciones, vivencias y recuerdos. Un mes en el que supuestamente habría que haber estado mirando hacia atrás, pero no ha habido tiempo para eso. Aterricé mirando el horizonte, y solo he vuelto la vista atrás para mirar más allá de ese año en Bolivia que ahora me parece un espejísmo.

Vuelvo aquí, y vuelvo a mí. Mientras escucho Coldplay y Radiohead y veo la lluvia estamparse con fuerza sobre la luna del coche de Mike, charlando o con los silencios de quienes se saben bien y no tienen que forzar palabras para estar a gusto... entonces, siento cómo encuentro de nuevo ese lugar, esa sensación de hogar, de estar en casa. Sensación que en repetidas ocasiones, estos días aquí, me han hecho sentir Cynthia y María, la sensación de volver... la misma que tengo con Dulce en cualquier lugar o con Naza, sobre todo en Fuencarral, esa será siempre nuestra calle. Donde los silencios no necesitan palabras. La misma que siento ahora, de nuevo, en mi casa, contemplando las mismas vistas que miraba cuando estaba en el colegio, escuchando el ruido de la cocina, sintiendo la presencia de mis padres en cada rincón de mi casa... volviendo al hogar.
Ahora que poco a poco me he vuelto a acostumbrar a todo, de nuevo, toca levar anclas y zarpar hacia el oeste. Otra vez toca dejar todo lo conocido y adentrarse en lo nuevo, toca mirar al horizonte en busca de los colores que están por venir. Es la ilusión de esperarlos lo que hace que todo cobre un sentido, y yo los espero con la paciencia de quién los ha visto a lo lejos.

Parece que la aventura, lejos de acabar, está a punto de continuar...

domingo, 12 de octubre de 2008

Give it 2 me

sábado, 11 de octubre de 2008

Midori

Cyn me devuelve un libro que le dejé hace un año y ya ni me acordaba. Y caigo en la tentación de leer de nuevo uno de mis pasajes favoritos:
"Te estoy escribiendo esta carta aprovechando que has ido a comprar unas Coca-Colas. Es la primera vez en mi vida que le escribo una carta a alguien que está sentado en un banco a mi lado. Pero es la única manera que he encontrado para comunicarme contigo. Porque apenas escuchas lo que digo, ¿no es cierto?
Hoy me has hecho algo terrible. No te has dado cuenta siquiera de que me he cambiado el peinado, ¿verdad? Después del tiempo que he tardado en dejarme crecer el pelo, a finales de la semana pasada por fin logré hacerme un peinado más o menos femenino. Pero tú no te has dado cuenta. Y yo pensaba que estaba bastante mona y que, después de estar tanto tiempo sin vernos, te sorprenderías…, pero no te has fijado. Esto es el colmo, ¿no crees? Quizá no recuerdes qué ropa llevaba puesta. Yo soy una chica. Por más cosas que tengas en la cabeza, ¡podrías prestarme un poco de atención! Hubiera bastado con una frase del estilo: Te sienta bien ese peinado. Te hubiera perdonado que fueras a la tuya, que pensaras en qué sé yo. Por esto, te he dicho una mentira. No es cierto que haya quedado con mi hermana en Ginza. Hoy pensaba pasar la noche en tu casa. Dentro del bolso llevo el pijama y el cepillo de dientes. ¡Ja, ja, ja! Parezco idiota. Si no me has invitado... En fin, te importa un rábano y, por lo visto, quieres estar solo, así que te dejaré en paz. Quématé las cejas pensando en lo que te dé la gana.
No creas que estoy enfadada contigo. Sólo estoy triste. Porque tú has sido muy amable conmigo y, a cambio, no he sabido ayudarte. Tú siempre estás encerrado en tu propio mundo y, cuando llamo a la puerta "toc, toc", te limitas a levantar la cabeza antes de volver a encerrarte.
Ahora te acercas con las Coca-colas. Parece que tengas la cabeza en las nubes. He deseado que tropezaras, pero no te has caído. Ahora acabas de sentarte a mi lado, te estás bebiendo la Coca-cola a sorbos. Deseaba que al volver hubieras caído en la cuenta y al fin me dijeras: "¡Anda. pero si te has cambiado de peinado!". Pero no ha habido suerte. Si te hubieras fijado, hubiera roto esta carta y hubiera dicho: "Vámonos a tu casa. Te haré una buena cena. Y luego nos iremos a la cama los dos muy juntitos". Pero eres tan insensible como una plancha de hierro.
Adiós. "
Haruki Murakami
Tokio Blues

lunes, 29 de septiembre de 2008

La Paz, hasta siempre

Últimos días en La Paz, en esta ciudad tan cercana a las estrellas, entre nubes de emociones y con nostalgia por la gente que queda atrás.

La Paz me conquistó poco a poco. Las historias que escuché al llegar la perfilaron como un lugar mucho menos amable que la ciudad en la que me he sentido en mi casa. Nunca más será para mí una ciudad cualquiera. Siempre la recordaré como la ciudad del cielo más azul que he visto nunca, la que da la bienvenida convertida en cielo estrellado, la que se disfruta desde las alturas y la que desde cualquier sitio te regala la vista del Illimani con sus nieves perpetuas.

Pero también como la ciudad en la que viví un año maravilloso en el corazón de América Latina, conociendo a gente increíble e invitándome a enamorarme de este continente para mí remoto hasta hace un año.
Dejo un pedazo del corazón en esta ciudad, pero el resto me lo llevo lleno de dulces recuerdos de un tiempo especial en un sitio que para siempre será mi casa.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Me despido a lo cubano

Mi último viernes en La Paz no podía haber sido más inolvidable. Después de cenar llegamos a "A lo Cubano", yo pensé que buscando un mojito, y lo que encontré fue una fiesta sorpresa.
No imagino un final mejor para este año increíble. Fue una noche genial, mil gracias a todos.


viernes, 19 de septiembre de 2008

Las laderas

Paseamos desde El Alto a Sopocachi, bajamos 400 metros de altura en unas horas. Recorrimos La Paz y le vimos las entrañas. La ciudad no se entiende si no se visitan las laderas, y descendimos por sus calles, sorprendiéndonos por la mezcla de pobreza y tranquilidad.

Cerca de las antenas, en la zona más "chic" del Alto (si es que ambas cosas pueden ir unidas) empezamos el descenso. Dicen que El Alto es la ciudad más pobre de toda América Latina. El 90% de su población es pobre y el 80% se considera dentro de los parámetros de pobreza extrema. El Alto es una ciudad joven, en marzo cumplió 23 años. Sus habitantes siguen viviendo en una sociedad regida por costumbres comunarias.


El día transcurre bajo el inmenso cielo azul paceño, rodeados de picos nevados, escuchando las historias que Gabo nos cuenta del Illimani y de la ciudad que se abre ante nuestros ojos, con paradas para contemplarla desde las alturas, mientras comemos alguna fruta tropical y "Superchangos", atravesando mercados, y respirando la magia que tiene este enclave imposible, esta hondonada donde un día a un español se le ocurrió plantar una ciudad.


Se acaba el día, y me quedo triste porque ya siento que poco a poco me voy despidiendo de La Paz y que un pedazo de corazón no me acompañará en el viaje de vuelta. De esto hace ya dos semanas, y desde entonces, esa sensación agridulce y melancólica que me recorrió de pies a cabeza no me ha vuelto a dejar sola. Ahora cada mañana miro el Illimani desde el ascensor como si fuera a desaparecer en el instante siguiente, disfruto de la inigualable luz paceña como si un nube perpetua me fuera a privar de su energía, pero sobre todo, disfruto de las "caras", de los que han hecho este año inolvidable, los que han convertido esta ciudad en mi casa. Millones de cosas que en una semana ya no formarán parte más que del recuerdo.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Walk on

And love is not the easy thing
The only baggage you can bring...
And love is not the easy thing...
The only baggage you can bring
Is all that you can't leave behind
And if the darkness is to keep us apart
And if the daylight feels like it's a long way off
And if your glass heart should crack
And for a second you turn back

Oh no, be strong
Walk on, walk on
What you got they can’t steal it
No they can’t even feel it
Walk on, walk on...
Stay safe tonight

You're packing a suitcase for a place none of us has been
A place that has to be believed to be seen
You could have flown away
A singing bird in an open cage
Who will only fly, only fly for freedom

Walk on, walk on
What you've got they can't deny it
Can’t sell it, can’t buy it
Walk on, walk on
Stay safe tonight
And I know it aches
And your heart it breaks
And you can only take so much

Walk on, walk on


Home...
hard to know what it is if you’ve never had one
Home...
I can’t say where it is but I know I'm going home
That's where the hurt is
I know it aches
How your heart it breaks

And you can only take so much
Walk on, walk on

Leave it behind
You've got to leave it behind
All that you fashion
All that you make
All that you build
All that you break
All that you measure
All that you steal
All this you can leave behind
All that you reason
All that you sense
All that you speak
All you dress up
All that you scheme...

martes, 16 de septiembre de 2008

El cuento se acaba

En un mundo lejano a su mundo habitual, al que se enfrentó temiendo estar sola, I. encontró otro personaje que, como ella, había escapado de las páginas de un libro en el que todo parecía estar escrito. Tras varios encuentros sin apenas hablar, la casualidad quiso unir sus caminos una noche cualquiera y desde aquel día nació la complicidad y el entendimiento, comenzaron las noches de turrón y charla, las llamadas a cualquier hora y una larga lista de e-mails.
Desde aquel día, o quizá desde antes, ambos fueron escribiendo una nueva historia, un nuevo cuento en el que dos almas sin rumbo, cada una de ellas, encontraron un camino, una senda, para luego abandonarla, pero por la que durante un tiempo pasear fue agradable y seguro. Parecía que este cuento sería eterno, parecía que esta vida iba a durar siempre. Pero H. desapareció, dejándole a su princesa el corazón partido y a I. el hueco inmenso que dejan los amigos cuando ya no están.
Se marchó tras la incertidumbre, pero antes se despidió y como si el destino bromeara, a la vuelta de su último adiós I. escuchó por casualidad Beautiful day, como si las despedidas no fueran amargas, incluso en un día de cielo azul. Al poco rato las nubes grises aparecieron sin avisar, como si también ellas fueran a llorar su ausencia.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Arde la calle

Ruge la ciudad.
El fuego se esconde,
se multiplica
espera
crece en la periferia
levanta la señal
arde en su impaciencia
mientras la ciudad ruge
desvaría
se diseca en la plenitud de una medianoche
perdida en marzo.
Nacen camaradas en la clandestinidad.
Se encuentran compañeros en la huida
y en el ataque
hermanos de sentimiento aborigen
terrícola respetando el azul
y la tierra que se abre.
Un pájaro escapa
y el gas ataca.
Hombres responden
y mujeres combaten.
Hermanos y hermanas respiran
se tocan
se besan
y el humo de babilonia no
puede con ellos.
Ni con su amarga rebeldía
ni con sus botellas encendidas.
Ellos son de la periferia.
Han nacido, para siempre.

Absalón Opazo

lunes, 1 de septiembre de 2008

Paisajes andinos

Tras horas (que a mí me parecieron interminables) de caminata a 4.500 metros y rodeadas de puro altiplano y llamas, llegamos a este regalo de la naturaleza: la laguna Chairkakota (si no confundo el nombre, que me pareció dificilísimo). La dificultad del acceso lo hacen un rincón virgen y escondido a los pies del Condoriri (Cabeza del Cóndor, 5.648 m).


Una de las muchas maravillas que atesora Bolivia. Espero que las ansias de desarrollo no hagan de sitios como este un lugar turístico cualquiera con restaurantes y aparcamientos alrededor y una autopista que facilite el acceso.

viernes, 29 de agosto de 2008

La cuenta atrás

Hoy comienza mi último mes en Bolivia, mi cuenta atrás particular hasta el 29 de septiembre. Este día quedará marcado en mi calendario personal, por eso y porque se suceden las despedidas. Y en este día me llega esta frase, mi caramelito del día, letras que expresan a la perfección lo que siento:
Si, el tiempo ha seguido y nos ha pasado. El tiempo, como un niño que llevan de la mano y que mira hacia atrás... Con tan poca cosa puede un hombre ser feliz, pensó. Ni siquiera un beso. Con tan poco. La taza de té preparada con su mínima liturgia, un perfume viejo. Sí, casi nada... (Julio Cortázar)
Gracias, papucho. Te voy a extrañar tanto...

miércoles, 27 de agosto de 2008

Pasión

A estas alturas, si tuviera un par de días más de vacaciones, haría la última locura del año y me agarraría un avión sólo para escuchar el 8 de septiembre en Buenos Aires esta canción, y otras muchas, en directo. Pero como es un lunes y desde La Paz no hay vuelos directos, pues me conformaré escuchándola cantar en mi ordenador.


Tendré que esperar para verla en otro sitio, en otro momento... Aunque ya no será lo mismo, ya no me beberé las calles de Buenos Aires con el eco y la emoción de los fados y coplas en la voz tan personal y desgarradora de esta malagueña llamada, tan acertadamente, Pasión.

lunes, 25 de agosto de 2008

Cuba

Aterrizar en la isla, después de la fascinación de haber recorrido medio continente para alcanzarla, con el calor tan ansiado como bienvenida y con el ruido de los vientos que auguraban tormenta. Llegar a Cuba, y también al reencuentro con Isa y Naza, y con la vida que dejé al otro lado del charco. Reencuentro sereno gracias a las costumbres adquiridas por la amistad. Abrir los ojos a su lado como si no nos hubiéramos separado durante casi un año.


La Habana fue nuestro primer contacto con Cuba. Para mí, la hermana gemela de Cádiz, a pesar de la distancia, compartiendo la misma magia pero con la personalidad que a cada una les da estar en continentes distintos. Nuestros primeros días fueron los atardeceres en el malecón, los jugos en la preciosa Plaza de la Catedral, el guarapo con ron en una esquina cualquiera, la música cubana en "La lluvia de oro", los paseos por el centro con los ojos bien abiertos y escuchando a los cubanos que, como Iris o "nuestra querida amiga Leo", nos hablaban de la isla, de la ciudad y de ellos mismos. También la Habana Vieja, la de verdad, la que se cae a cachos, y El Vedado, con sus palacetes desvencijados en los que se adivina el esplendor de esta ciudad en otra época, las vistas de la ciudad de noche desde un hotel. Pero sin duda, La Habana fueron los mojitos del Nacional, con sus luces por la tarde y el relax de mirar el mar saboreando las charlas pendientes después de tanto tiempo.


La tormenta tropical se apoderó de la isla y nosotras pusimos rumbo a Trinidad tras un cambio de planes en pleno camino que hizo que Viñales quedará pendiente para otra ocasión. El camino en sí mismo fue una aventura, escuchando reggeton cubano con Yazzer, riéndonos con él mientras traducíamos sus sms en inglés y flipando con el cambio de coche en una estación de servicio cualquiera. Con Oriasky y su "Cristal" llegamos a una lluviosa Trinidad, no por ello menos bonita, después de comprobar que Cuba no es solo playa, que tiene paisajes verdes y salvajes. En casa de D. Pedrito cambiamos el reggeton por los tranquilos ritmos de nueva la trova en su guitarra, a oscuras por un corte de luz, mientras en la calle la tormenta no daba tregua. A la luz de las velas disfrutamos la primera cena casera de todo el viaje: potaje de frijoles, plátano frito y guasa, un pescado local delicioso. El arte hecho comida gracias a Mari. De día y con sol, tras desayunar con Barry White de fondo, no nos quedaba otra que perdernos en Trinidad, con sus calles inundadas de casas de colores pero también con la dura contradicción de ver la miseria y el turismo en la misma acera. Trinidad fue, sobre todo, "Lágrimas Negras" en directo, en la Casa de la Trova, la música por la calle, el arte y la elegancia de los cubanos bailando salsa sin parar en "La Casa de la Música", unos bailes en "La Cueva" y la visita al Valle de los Ingenios, un latifundio verde, con montañas al fondo, de una belleza impresionante.


Con la mochila al hombro empezamos el camino de retorno con parada en un chiringuito de carretera cualquiera en el que disfrutamos de una Piña Colada de verdad mientras contemplábamos como a las 12 de la mañana de un día cualquiera en un bar de carretera, los cubanos siguen llevando el ritmo en las venas. Y llegamos a Varadero, y allí nos quedamos 3 días. Mi primer baño del 2008, en el Caribe, con una lluvia torrencial, los relámpagos al fondo y cientos de personas disfrutando de la calidez de las turquesas aguas de este lugar. No creo que jamás olvidé aquélla imagen, ni la emoción absoluta de aquel momento. Varadero fueron las playas del Caribe, las aguas cristalinas, la arena blanquísima, el atardecer en un catamarán en la bahía, el amanecer en la playa del pueblo, rodeadas de gente que comenzaban su día de playa a las 6 de la mañana, las cenas escuchando las olas y los jugos de mango en la terraza del "Dos Mares". Varadero es pura Cuba, si uno se va lejos de los grandes hoteles.


La última parada fue también la primera, y en La Habana me despedí de la isla y de mis compañeras de viaje, tras una cena en "La Guarida", un sitio muy especial que nadie se debería perder. Un paladar en el que se come de lujo, que conserva un halo decadente y que se encuentra en un edificio palaciego precioso pero viejísimo en el que viven familias con lo poco que tienen. De nuevo la antítesis de la pobreza rodeada de los reflejos de una ostentación pasada que ya es mero recuerdo.







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Este viaje me ha llenado de impresiones la cabeza, muchas de Cuba, otras del futuro. La mayoría me las quedaré para mí. No me siento decepcionada por la isla, pero si me ha dejado un mal sabor de boca ver cómo viven muchos cubanos, y ver cómo gran parte del turismo de países desarrollados se aprovecha de esta situación.

Me quedo con ganas de volver pero eso será dentro de muchos años, cuando ciertas cosas hayan cambiado.

jueves, 14 de agosto de 2008

My sisters and me

Después de 10 meses en una de las ciudades más altas del mundo, con un clima de invierno casi constante (menos mal que el cielo está siempre azul y eso nos tiene las pilas bien cargadas) las palabras se quedan cortas para describir la sensación que me produce pensar que en unas horas piso el Caribe: playita por fin en la isla tantas veces imaginada. Vacaciones en Cuba con mis dos soles que vienen a traerme el verano desde España. Cuántas cosas han pasado desde que nos despedimos en la parada de metro de Valdeacederas... Ladies, are you ready?!!! Como dice Madonna: "the show has just begun!!!!!
Qué increíble decir esto: ¡¡¡Nos vemos mañana en Cuba!!!


viernes, 8 de agosto de 2008

Como una ola

Hoy se nos ha hecho hueco grande aquí en La Paz, otro más. Como una ola, Sandrita llegó, arrasó y se fue, una ola que nos ha empapado en este tiempo de muchas risas. Me dejas sin pareja para las sevillanas y sin compañera de duetos de la más grande.


Mucha suerte de vuelta casa, niña, nos vemos en nuestra tierra prontito. Disfruta muchísimo este verano con regusto boliviano. Te dejo aquí esta canción que a mí siempre me recordará a la niña de Morón que me encontré en La Paz y que hizo mi comienzo aquí mucho más fácil (no, no es una de Rocío Jurado).


miércoles, 6 de agosto de 2008

martes, 5 de agosto de 2008

Tapitas de verano

Este año me estoy perdiendo los días de verano en Algeciras: las tardes de playita y las noches de tapitas y tintos de verano con Legendarios de postre. Es el último recuerdo que me traje de allí cuando me vine. Desde hacía años no había pasado una temporada tan larga por allí en verano y mis últimos días, aunque fuera septiembre, fueron de esos: unos días muy dulces. Cada vez que me llega un e-mail de Cyn revivo esos días, me viene el olor a mar de mi tierra y los sonidos del viento que allí no da tregua.
Hoy he recibido uno de esos e-mails, y me he sentido de nuevo allí, con Cyn en su coche escuchando esta canción, que a mí me parece la perfección por la voz, la música y el ritmo.

Dulce también está ahora por allí, disfrutando de esos días de relax, de las vacaciones en casa. Y a mí me encantaría quedar con ellas mañana en la Calle Sevilla, pa' una noche de esas de las nuestras. Espero que a la vuelta del verano tengan fuerzas suficientes para regalarme una de esas veladas con tapitas, Legendario, charlas y muchos muchos muuuuchos abrazos (os váis a jartá).

sábado, 2 de agosto de 2008

Alguien especial

Por la vida, se va conociendo a gente que, a lo largo del tiempo se convierten en amigos a los que nos unen vínculos casi imposibles de romper. Eso es lo habitual, y lo extraordinario al mismo tiempo. Pero a veces, de manera excepcional, por el camino uno encuentra gente que tiene algo que te atrapa desde el primer momento, que tiene un brillo que los hace distintos y que, sin proponérselo, encuentran un hueco en tu corazón con una rapidez inesperada.

Un día, en este viaje que es la vida, apareció un compañero de esos que tienen ese halo especial. Un compañero de viaje al que durante este trayecto sólo miré de perfil y con el que casi siempre hablaba a través del papel. Ese compañero fue en ese tiempo mi ángel de la guarda particular. Un ángel de la guarda al que sólo veía unas horas, pero que gracias a él fueron mucho más fáciles y llevaderas.

Entonces, cuando estaba cansada o a punto de desfallecer o simplemente necesitaba pararme a coger fuerzas, sentía que su brazo estaba siempre dispuesto para evitar mi caída. Sentía ese apoyo incondicional, al que sin embargo, siempre trataba de buscar algún reparo porque mi torpeza no me dejaba ver que, a veces, las cosas son más fáciles y esa gente especial también te elige a ti. Él no está aquí en Bolivia y, sin embargo, siento que su brazo está siempre a mi lado cada vez que necesito apoyarme, lo siento cerca de mí.

Me gusta que de vez en cuando abra su gran corazón y deje que los demás nos asomemos para ver lo que tiene dentro. Eso ocurre muy de cuando en cuando, pero cuando me concede este privilegio a través de sus palabras, me doy cuenta de que estuve equivocada durante mucho tiempo. Quizá fue la torpeza que su cercanía me provocaba al principio la que no me permitía ver que él también se da, a su manera, sin prisas y sin dobleces, y que él también necesita sentir que los demás están ahí.

Cuando era pequeña mi padre colgó en la puerta de mi cuarto los versos de “If”de Rudyard Kipling porque quería que aprendiese que lo que ahí se decía era una de las mayores verdades que se pueden leer y que llenan esta vida de sentido. Siempre pensé que el último verso hablaba con una contundencia sin igual: “serás hombre, hijo mío”. Ser hombre no es fácil. En este sentido, creo que llamar hombre a este compañero de viaje sería la manera más acertada de describirle.

Esta persona es para mí alguien especial por su sencillez y su seguridad, por su extrema sensibilidad y por la calidez que tan desinteresadamente me regala. Lo es para mí y lo es para mucha otra gente porque los seres especiales lo son simplemente y que te hagan un huequito en su vida es todo un regalo.

La próxima vez que nos veamos será bajo un cielo distinto. Cuenta conmigo para unos bailes, unos cantes o una charla sobre lo mucho que han cambiado las estrellas de ese firmamento familiar que ya no podremos mirar con los ojos de siempre.

Mientras tanto, disfruta de la paz del mar, disfruta de la calma que proporciona contemplarlo a solas. Gracias por compartirlo hoy conmigo a través de unas líneas.

viernes, 1 de agosto de 2008

Senso

Empiezo el fin de semana con esta canción maravillosa de Vasco Rossi que, con su voz desgarrada pregona lo difícil que es, a veces, encontrarle el sentido a la vida. Lo cuelgo ahora que yo ya voy encontrándole, poco a poco, el sentido a tantas cosas.

domingo, 20 de julio de 2008

Tienes un e-mail

Estos días se cumple un año de aquella mañana en Tenerife en la que amanecí inquieta tras una noche de pesadillas y con un nudo en el estómago, presentimiento de noticias. Después de tanta angustia un e-mail despejaba la incógnita: un año a La Paz. Sorpresa, emoción y mis dos “novias” del CECO, Wero y Tere, atlas en mano imaginando para mí todos los viajes que podría hacer este año y que yo, entonces, creía casi imposibles.

No creo que jamás olvide esa mañana, ni la de miedos que enterré ese día y la de ilusiones que nacieron al mismo tiempo. La voz de la Mari de Chambao en concierto esa noche grabó en mi cabeza la letra de "Dibujo en el aire" para siempre, canción premonitoria de ese verano y de este invierno perenne que estoy viviendo aquí. Invierno por el clima porque el corazón lo tengo en una primavera casi constante.

Supongo que es el momento de hacer un pequeño balance, pequeño porque aún quedan dos meses llenos de planes. Aún recuerdo las expectativas que me hice en la cabeza esa mañana. Eran pocas, por lo que superarlas era fácil. Creo que esa ha sido la clave de mis días aquí: la actitud. No esperaba nada y este país me está dando más de lo que hubiera esperado de cualquiera de los destinos que elegí.
No sé quién fue la chica que renunció, no sé por qué lo hizo, ni la juzgo, que cada uno tiene sus motivos, pero cada mañana me levanto y le doy gracias a esa mujer, que ni conozco, porque su renuncia ha sido el mejor regalo que me han hecho nunca.
Para mí ese día cambiaron muchas cosas. Esta tarde me voy a celebrar este "aniversario" al trópico, ¿quién me lo iba a decir?

miércoles, 9 de julio de 2008

El primer adiós

Después de casi 10 meses en Bolivia, llegaron las despedidas. La primera, la de nuestra flor murciana, que nos ha traído tantos momentos de risas y tantos sabios consejos. Ay, mi niña, espero que no te nos quejes de que no te hayamos despedido por todo lo alto, que la fiesta ha durado casi como una boda gitana.

No sé dónde nos volveremos a ver, si en Algeciras para coger un ferry a Marruecos, en Murcia, en Madrid o en La Habana... pero vete haciendo un huequito en la agenda. Ahora no sé quién me va a pegar los pies al suelo con tanta sutileza. Te dejo esta canción para que te acuerdes de nosotras.


Te vamos a extrañar hartísimo.

viernes, 4 de julio de 2008

Einstein dixit

"There are only two ways to live your life. One is as though nothing is a miracle. The other is as though everything is a miracle." Albert Einstein

Yo me quedo con la segunda.

miércoles, 2 de julio de 2008

Pura poesía

Satie - Gnossiennes No 1

Gracias, Raúl, por descubrirme que esas notas musicales que tanto me sonaban eran de un francés llamado Erik Satie.

lunes, 30 de junio de 2008

Campeones, campeones, oeoeoeoeeee

Sólo nos faltaba a los españoles que estamos por aquí que España llegara a la final para, con excusa, reunirnos para liar la pajarraca. Y sólo nos faltaba que ganara España la Eurocopa para un domingo por la tarde no dejar títere con cabeza en el primer bar que hubiera abierto. Yo pensaba que durante el partido perdía la voz, pero qué va, después fue peor si no gritamos 100 veces "Viva Casillas", "viva Torres", "Espaañaaaaa"... pues no lo dijimos ninguna. Se puede decir que fue hora y media de tensión y casi 10 de celebración (con baño en una fuente incluido, que yo no quería pero me metieron a la fuerza con el frío que hace aquí). En el Mongo's nos faltó el mítico pasodoble de Manolo Escobar, pero vamos, que ni por esas se nos bajaron los ánimos y las ganas de gritar "campeones, campeones, oeoeoeoeeee".



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jueves, 26 de junio de 2008

El infierno de las minas

En Bolivia la pobreza está presente a cada paso. Al principio impresiona, pero a mí me resulta aterrador lo rápido que uno (al menos yo) se acostumbra a convivir con ello. A ver a ancianos y niños pidiendo en cada esquina. Supongo que mi actitud, la de mirar a otro lado y pensar en que yo no puedo hacer nada es un arma de defensa como otra cualquiera, lo que no quiere decir que sea la forma de mirar la vida más correcta, probablemente sea la más egoísta. Sin embargo, a ratos uno ve cosas en este país que le parten el alma por muy gruesa que sea la armadura que te pones para salir a la calle. Ayer mismo vi como un niñito que no tendría ni dos años comía un trozo de carne solo, en el puesto de su madre en la calle Sagárnaga. Estaba solo y comiendo a una edad en la que en Europa los niños comen potitos y no se concibe que coman un pedazo de pechuga de pollo sin trocear solos con las manos. No sé, la escena descrita no es tan dura como en vivo y en directo. Los niños aquí no tienen infancia y se percibe en momentos como estos.

Hace unos meses entré en una mina en Potosí y la experiencia fue brutal, no porque yo sufriese ni de lejos la dureza de las minas, sino porque viendo tan de cerca las condiciones en las que los mineros viven cada día te da una idea de la vida, por llamarlo de algún modo, tan horrible que tiene esa pobre gente. Muchos, la gran mayoría, muere entre los 35 y 40 años de silicosis. Lo saben desde el principio, pero no hay otra cosa que hacer.

Estamos hartos de oír eso de que en algún sitio del mundo alguien cobra 2 dólares al día mientras en Europa los malgastamos en chorradas en un segundo y ganamos mil veces más. Escuchamos esto, pensamos "qué grave" y seguimos con nuestras vidas. Sin embargo, cuando uno ve un documental como "The devil's miner" esta frase encuentra un desafortunado protagonista, con nombre y apellidos, y unas circunstancias que hacen llorar al más duro y le hacen a uno replantearse lo que puede hacer en este mundo para no sentirse una basura por dejar que ocurran cosas así.

Basilio es un niño que trabaja en las minas, que mantiene a su familia con sólo 14 años (desde que tenía 10), y que se ha visto en esta desgraciada situación por una causa tan aleatoria como la muerte de su padre. El niño tiene maneras de adulto dentro de la mina, pero sigue siendo un niño cuando va al colegio, cuando juega a la pelota con su hermano o cuando piensa en el miedo que le da que en el recreo sus compañeros se rían de él porque trabaja en la mina (los niños que trabajan en la mina potosina son tantísimos que ya les tienen puestos hasta motes como "chupapiedras"). Ver el documental habiendo estado en la mina me da una dimensión de realidad que me angustia muchísimo. Allí no hay quien respire, es peligrosísimo, los accidentes están a la orden del día y desde luego es el último sitio donde tiene que crecer un niño.

Ver a Basilio es duro, pero él ha asumido su papel de cabeza de familia y lo lleva con dignidad y sin miedo. Sin embargo, escuchar como su hermano menor cuenta el miedo que le da que Basilio tenga un accidente en la mina hace que a uno se le rompan los esquemas y la rabia lo consuma. Un niño tan pequeño no debería tener esas preocupaciones de adulto. Pero aquí en Bolivia no es el primero que veo. Recuerdo en Sorata el niño de 8 años que atendía solo el restaurante de sus padres con los gestos de un camarero adulto, pero la mirada y la inocencia de un niño cuando le enseñabas una foto o le preguntabas por el cole.
Esta película y otras como esta habría que pasarla en los colegios occidentales pero también en colegios a los que van los niños ricachones bolivianos, para que los niños pijos y frívolos que abundan cada vez más en este mundo se preocupen un poco menos por que el color de sus pendientes vaya a juego con el de su chaqueta y se den cuenta de las pocas oportunidades que tienen otros niños como ellos por circunstancias que nadie elige. Hay que verla con las ventanas del alma bien abiertas, para que nos entre toda la mierda que transpira la realidad que viven algunas familias potosinas y ver si de este modo nos despierta un poco la conciencia y nos entran ganas de hacer cosas por gente como esta, para la que el futuro no es más que la espera de una muerte sin anuncio. Siento el pesimismo, pero películas como esta no me invitan a pensar con más alegría sobre este lugar tan gris y tan superficial que a veces me parece el mundo.

miércoles, 25 de junio de 2008

Recuerdos

Sé que la canción es malísima, pero hoy tengo muy presentes los recuerdos que me trae: a tardes de verano en Getares, rebujitos en la feria y noches de billar.

jueves, 12 de junio de 2008

Descubriendo a Ayo

Me encanta Ayo: su estilo musical y su voz tan personal. A veces sus letras son demasiado desgarradoras, exageradamente pasionales a mi juicio, pero supongo que habrá a quienes en ciertos momentos de su vida no les quede otra que reaccionar así.

martes, 10 de junio de 2008

Planes de verano

Hubo un tiempo en el que nuestros ratos libres acabábamos hablando de todas las espinitas, en el que el consuelo y las risas siempre estaban a unos pasos en la habitación de al lado, en el que las penas se curaban viendo el último episodio de "Mujeres desesperadas" o grabando un vídeo a horas intempestivas. Una época, difícil en cierto modo y llena de preguntas para las tres, en la que las lágrimas (reales o figuradas) se secaban con abrazos llenos de un cariño que siempre estaba ahí, saliendo de tapas por el barrio o con charlas sin final.

Nada y todo ha cambiado desde que se acabó esa época. Todo porque ese piso de Madrid dejó de ser "nuestra casa" aunque cada vez que pase por Guzmán El Bueno lo recordaré como nuestro hogar; y nada porque los mails mañaneros siguen su curso cada día, porque cuando os escucho es como si os hubiera visto ayer, porque sin estar estamos presentes y porque en dos meses uno de nuestros planes más que hablados se va a hacer realidad.



Mojitos, mi amol, playita, una semana sin estrés, esa isla, el verano, agosto y, lo más importante, vosotras. Un plan de ese mundo de los sueños, de esos "¿te imaginas?" que va tomando forma real. Qué inesperado, che. Hoy estoy tan feliz que hasta me da miedo.
Espero que ningún ciclón venga a aguarnos la fiesta. Cruzo los dedos.

domingo, 1 de junio de 2008

In bocca al lupo!

Davit ;-), muy buen viaje al hemisferio sur. No podía dejar de "colgarte" una canción que seguro te traerá recuerdos. Emprende con muchas ganas esta aventura, que un año pasa volando y lo verdaderamente importante seguirá en su sitio a la vuelta.
Un abbraccio e tanti baci!!!


lunes, 26 de mayo de 2008

The Pachamama experience

Nunca antes me había pasado volver de un sitio y pensar que todo lo que he visto es mentira. Ni siquiera en el Perito Moreno.

Visitar el Parque Madidi ha sido una experiencia increíble e inexplicable. La naturaleza allí está tan presente y es tan virgen, es tan contundente, que cuesta creer que existe un sitio así de verdad y que el hombre no lo ha destrozado aún.

Me fui a la selva con Pati y Leo, sin que me diera tiempo apenas a interiorizar donde iba. Lo decidí apenas una semana antes, así que ni pensé en qué me iba a encontrar. Tenía miedo de los bichos, pero no sé cómo este miedo ha ido difuminándose a lo largo de los días, haciéndose poco importante al lado de toda la belleza tan rotunda que nos rodeaba.

De La Paz a Rurrenabaque hay unos 40 minutos en avioneta. En ese tiempo uno pasa del frío seco del altiplano a los 36º de calor tropical húmedo, del blanco de los Andes al verde del bosque amazónico. Sobrevolar estos paisajes es una delicia. Cuando aterrizas en el aeropuerto de Rurre parece que estuvieras subido en un cortacésped. Lo que uno se encuentra al llegar bien podría servir para ambientar uno de los anuncios de "Malibú", por eso de "me estás estresando". Llamar aeropuerto a ese lugar es como llamar puerto a la piscina de un hotel. Pero con más encanto claro.

Rurre sólo ha sido estación de paso. Nuestro destino final ha sido Chalalán, a 80 km. y 5 horas en bote por los ríos Tuichi y Beni. El camino es precioso, pero nada comparado con la laguna Chalalán y sus alrededores. Al llegar paseamos en hamacas por la laguna viendo monos capuchinos, monos aulladores y sereres.


La primera noche, tras la cena, nuestro guía, Sergio, un indio tacana al que se le notaba su pasión por el medio en el que se ha criado, nos propuso dar un paseo por la selva con linternas. Mi idea inicial era que pasearíamos por algún sendero cerca de las cabañas y veríamos 4 arbolitos y poco más. Pero cuando antes de adentrarnos en la selva nos dijo “unas recomendaciones: no os apoyéis en ningún árbol y tened cuidado con 3 tipos de serpientes que hay y que suelen camuflarse en el suelo” pensé, “esto va en serio, nos vamos a meter en la selva y de noche”. Fue impresionante pasear a la luz de las estrellas, escuchando los sonidos de la jungla y sintiendo el vuelo de murciélagos, a escasos centímetros de nuestras cabezas a veces. De vez en cuando, Sergio nos pedía que apagásemos las linternas y nos quedábamos a oscuras, con el maravilloso cielo de estrellas observándonos a través de las frondosas copas de los árboles y acompañados por los millones de fascinantes sonidos que abrigan la selva de noche. En una de esas él vio unos ojos que brillaban y observamos a un venado comiendo a escasos metros de nosotros. Seguimos paseando, viendo insectos, árboles y pensando en la cantidad de animales que nos rodeaban y que no veíamos. Pasamos cerca de un arroyo y Sergio nos pidió de nuevo que apagásemos las linternas. A oscuras, empezó a imitar los sonidos que hacen las crías de caimán cuando las están apresando. En ese momento escuchamos y sentimos los pasos de un caimán adulto que cerca de nosotros se apresuraba a buscar al verdugo de su cría. Yo encendí la linterna asustada y creo que no olvidaré nunca la imagen de aquel caimán que, según Sergio, venía a medir 2 metros.

Al día siguiente nos tocaba la caminata por la selva. Primero, atravesamos la laguna y luego nos adentramos en el Madidi. Yo aún incrédula pensando en que todo eso no podía ser de verdad. Árboles con raíces tan altas como una persona, otros que se desplazan al menos un metro al año, helechos de 5 metros, regueros de hormigas de todo tipo en todas partes, y de repente, olor a chancho (es como llaman aquí a los cerdos). Un olor fortísimo y Sergio que nos dice que nos estemos quietas. Así estuvimos durante bastante rato hasta que vimos como se acercaban poco a poco a nosotros sin que se dieran cuenta de que los observábamos. Los sonidos de los chanchos salvajes son peculiares, como si destrozaran lo que encuentran a su paso. Cuando notaron nuestra presencia empezaron a correr. Nosotras pensamos que serían unos 20, pero Sergio nos dijo que podrían ser hasta 100. Durante las horas que duró la caminata sentí estar en un lugar en el que antes había estado, quizá por las películas, pero que me seguía pareciendo un decorado.
Finalmente, no vimos al puma, que era lo que más ganas había de ver, (aunque vaya miedo encontrarse un animal de estos en su hábitat) pero flipamos a cada paso con cada uno de los caprichos de la naturaleza en forma de árboles, animales o sonidos. Por la noche volvimos a hacer otra salida, esta vez por la laguna, en busca de caimanes. El cielo lleno de estrellas y reflejado en la laguna Chalalán dibujaba una estampa perfecta. Mientras buscábamos caimanes y cualquier bichejo que apareciera a nuestro paso, mirábamos con asombro como en mitad de la oscuridad de la noche se paseaban las luciérnagas y se veía una tormenta a lo lejos que incrementaba la belleza de la imagen en blanco y negro que nos rodeaba. Escuchábamos caer al agua los frutos que se les escapaban a los murciélagos y los sonidos de las ramas cuando los animales van de un sitio a otro. Sergio nos sorprendió una vez más y nos acercó hasta que vimos una boa constrictor en la rama de un árbol, blanca y de apariencia imperturbable.

Aún ahora a la vuelta todo me sigue pareciendo ficticio, como si hubiésemos sido por unos días protagonistas de “El show de Truman” y todo lo que hemos vivido no fuera más que producto de la organización perfecta de un parque temático. La presencia del hombre en ese entorno era tan poco invasiva que parece que no pudiera ser verdad. Ahora entiendo por qué la revista “National Geographic” recomienda el Madidi como uno de los 100 sitios que habría que ver en una vuelta al mundo. Es una pena que se hable de Bolivia sólo por sus conflictos políticos, y se olvide mencionar la riqueza paisajística que tiene este país, que sigo pensando es el gran desconocido de este continente.

martes, 13 de mayo de 2008

Un día tonto

Supongo que es normal tener nostalgia. A mí esta semana me está asaltando este sentimiento cuando menos me lo espero. El frío ha llegado sin avisar y no me abandona ni cuando me voy a dormir. Supongo que es normal tener días tontos, pero ni me acostumbro ni me gusta.

domingo, 11 de mayo de 2008

Back to black

"We only said good-bye with words
I died a hundred times
You go back to her
And I go back to black"
Qué grande es Amy.

domingo, 4 de mayo de 2008

Se nos hizo muy tarde hablando de los viejos tiempos, recordé lo fácil que era tratarla y lo divertida que era. Y recordé aquel viejo chiste: aquel tipo que va al psiquiátra y le dice, "doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina". Y el psiquiatra le dice, "¿y por qué no lo mete usted en un manicomio?" Y el tipo le dice "lo haría, pero necesito los huevos". Pues eso más o menos pienso de las relaciones humanas. Son totalmente absurdas, locas e irracionales, pero supongo que continuamos manteniéndolas porque la mayoría de nosotros necesitamos los huevos.
Annie Hall.

lunes, 28 de abril de 2008

Vivir

Leí el otro día este texto y me encantó. Iba acompañado de una foto en la que una niña boliviana paseaba a orillas del Titicaca.

La gente grande dice que es importante dejar huella
porque es lo único que queda de ti cuando miras atrás.
Yo no creo que haya que mirar para atrás,
yo creo que hay que ir mirando hacia el horizonte
y caminando descalza por la vida
para no perderse ni un amanecer,
para sentir la humedad del barro
que se te mete por los pies
para quemarse con el calor del asfalto
hacerse heridas con las piedras y las ramas que cortan,
y sentir cosquillas cuando te acaricia la espuma del mar.
Para llegar lejos, pisar lento y andar profundo.
Andrea Velasco

jueves, 24 de abril de 2008

Tres palabras: Fiesta, tango y Sajama.

A estas alturas del año a mí el cuerpo me va pidiendo primavera: sangrías y tapas en una terraza, tardes de paseo por la playa y esa luz del sol que ilumina Madrid. Pero en el hemisferio sur estamos en otoño y, aunque en La Paz no se ven hojas secas, va haciendo una rasca que me anuncia que lo siguiente es el invierno. Y sin embargo, yo me siento en plena primavera y como dicen Los delinqüentes, sin llorar "porque vivo en Carnavales".

A pesar del frío, se hace lo que se puede. Fiesta con lacitos verdes y, con el chaki y las risas, mini-viaje de fin de semana para ver el pico más alto de Bolivia, el Sajama: un amanecer espectacular con la luna más grande que he visto jamás a plena luz del día.
Una tarde en casa de Pau, inesperada y divertida.
Las noches en casa de Cris, con cenas de lujo y clases de tango, y conversaciones que invitan a pensar en el próximo destino y en el por qué del cariño que se le pilla a esta ciudad.
La cuenta atrás se me está pasando más rápido de lo que esperaba.

viernes, 18 de abril de 2008

Crónicas de un crápula confeso

La primera vez que vi a Humbert me pareció que tenía una apariencia imperturbable, pero ahora sé que es alguien lleno de pasiones. Que a pesar de la dureza que pregona, tiene un lado sensible fácil de estremecer que intenta ocultar constantemente.
Me encanta hablar con él: de nuestros fantasmas, de sus conquistas, de mi miedo a las batallas… casi siempre acabamos hablando de los hombres y las mujeres, de la guerra de sexos, de lo que yo pienso de ellos y él de ellas…
Encontrarlo en este camino ha sido una sorpresa. A mí me divierte su visión del mundo y agradezco que alguien me recuerde de vez en cuando lo corta que es la vida y que hay que disfrutarla sin dejarnos guiar por juicios ajenos. Me gusta que nos hablemos sin tapujos y sin miedo a malentendidos. Pero si hay algo que le tengo que agradecer son sus relatos en primera persona, que me hacen ver lo crápulas sin medida que pueden ser algunos hombres... o todos en cierto momento de sus vidas.
Durante una de nuestras “charlas” cibernéticas llegué a la conclusión de que todos estamos locos o mejor dicho, que no hay nadie cuerdo del todo, pero que hay gente que le pone remedio, que lo palia haciendo cosas que le permiten echar fuera aquello que les inquieta o les remueve.
Una de las terapias de Humbert es escribir. Aquí va una de sus crónicas:
"La sumisión muda inicial de la pequeña D. ha dado paso en los últimos días a una euforia juvenil sin igual. Alterna accesos de verborrea con largos silencios contemplativos en los que juega con mis manos o mi pelo. Tiene sensibilidad musical y me doy cuenta perfectamente cuando le pongo algún disco de que su interés es genuino. Cada vez que viene a casa se marcha feliz con un nuevo muestrario de sonidos y voces que luego escucha al llegar a su casa en la penumbra de su salón. Se queda grabada para siempre en nuestras retinas la mueca de Lito Nebbia sonriente y burlón, cigarro en mano, cantando las penas de un continente abandonado por la suerte y el amor. Queda impresionada por la pirotecnia guitarrera de Jefferson Airplane, Pink Floyd (ha sido fanática de Pink Floyd desde pequeña y reconoce que el poco inglés que sabe se lo debe a The Wall). Quicksilver, Grateful Dead. Se llevó ¨Live/Dead¨ a su casa el otro día y no ha dejado de aludir a él, refiriéndose sobre todo a la primera canción como un poema muy lindo de una alegría contenida. Cuando le digo que yo siempre he creído que nací treinta años demasiado tarde me mira a los ojos y se ríe cómplicemente, reconociendo de alguna manera que a ella también la habría gustado ser testigo de aquel semillero de creatividad que fue Haight Ashbury a finales de los sesenta.
Los encuentros con D. son siempre un placer. El sonido del timbre avisándome de su llegada me reconforta. A veces si estoy en la ducha dejo abierta la puerta para que se instale cómodamente en el salón. Sé siempre que ha llegado porque antes siquiera de saludarme se empieza a escuchar desde el baño el rumor de la música. Es de una discreción exagerada, oriental, como sus ojos de geisha privilegiada. Salgo de la ducha ansioso por verla, le beso la frente y la boca y me ausento al cuarto para terminar de secarme, vestirme y peinarme. Regreso al salón y le pregunto si tiene hambre y le apetece cenar. Me señala que no con un movimiento horizontal de la cabeza y me pide permiso para fumar. Fumando adquiere una belleza y un grado de erotismo extraordinarios. Súbitamente se transforma en femme fatale latinoamericana, a la altura de cualquiera de los grandes mitos eróticos del cine. Lo más bello es que no lo sabe. Mis piropos se pierden con frecuencia en unos ojos que mantienen mi mirada perplejos, unos ojos que preguntan interrogantes por el método empleado para llegar a semejante conclusión. Me sobreviene un deseo irrefrenable de desnudarla y recorrer la playa de su cuerpo palmo a palmo con la sagacidad de un arqueólogo. Ella me acaricia el pelo mientras paseo mi lengua por su nuca y su cuello hasta detenerme en el interior de sus muslos… "

jueves, 17 de abril de 2008


"La vertigine non è paura di cadere, ma voglia di volare"

Un beso, preciosa ojitos.

jueves, 10 de abril de 2008

La Chiquitanía

La Chiquitanía es la imagen que yo tenía de Sudamérica antes de venir. La de tierra roja y paisajes verdes; la de los acentos dulces y las noches cálidas y apacibles; la de la tez morena y el corazón alegre. Es Bolivia pero no deja de sorprenderme lo increíblemente distintos que son los habitantes y paisajes de ambas partes de este país.


En esta zona los Jesuitas vinieron a evangelizar e impusieron un modelo de vida desconocido para las tribus que vivían allí, que tuvieron que sacrificar gran parte de su cultura. La historia no se puede cambiar y a pesar de que esa imposición conllevó muchísimas pérdidas, también dejó un legado cultural que hoy día pervive, especialmente relacionado con la música. Lo más impresionante no han sido los paisajes, que eran increíbles, sino ver a niños humildes, no jailones de la elite, asistiendo a clases de violín un domingo por la mañana.

martes, 8 de abril de 2008

Viajar en flota por Bolivia: una experiencia religiosa.

Llegar a San Ignacio de Velasco fue toda una odisea. Lo que en principio iban a ser unas 12 o 13 horas de viaje (para hacer unos 450 kilómetros) se convirtieron en 22 por un cúmulo de imprevistos difíciles de creer. Salimos a las 8 de la tarde de Santa Cruz y a las 2 horas el autobús se paró porque uno de los ríos de la zona tiene un único puente para cruzar, puente con un solo carril, lo que obliga a establecer turnos para pasar, dependiendo del sentido. Así estuvimos 2 horas parados, esperando. Cuando al fin logramos cruzar este puente de madera, que a mí me pareció kilométrico, sobre un río oscuro y caudaloso, al poco rato, el autobús volvió a pararse. Yo quería pensar que era una parada para ir al baño pero nada más lejos de la realidad: el bus estaba averiado. Llevábamos más de 5 horas en marcha y apenas si nos habíamos alejado de Santa Cruz. La compañía no envió ningún bus para continuar el trayecto (a pesar de lo cerca que estábamos), así que estuvimos 7 horas más parados hasta que abriese el taller más cercano y se pudiera arreglar la flota (así llaman a los autocares en Bolivia). Amanecimos en San Julián, donde seguíamos esperando y decidimos darnos una vuelta por el pueblo para desayunar algo. Decir que era un lugar pobre es quedarse corto. A pesar de ello, todo el mundo estaba desayunando platos abundantes de comida y en la única librería del mercado encontré un ejemplar (trucho, claro) de “Donde el corazón te lleve”, de Susana Tamaro. Volvimos a tiempo para celebrar que el autobús ya estaba arreglado y así emprendimos la marcha hacia San Ignacio de nuevo. Paradita en San Javier para comer. Pudimos ver la misión y poco a poco íbamos viendo cómo el carácter de la gente se va suavizando. Se notan los efectos del calorcito en esta parte del país. Cuando estábamos a punto de llegar, se pincho una rueda, pero bueno, nos hizo perder otros 40 minutos, pero bueno, en un viaje de casi un día, ¿qué son 40 minutos? Lo mejor fue la respuesta de la de los de la estación de autobuses ante nuestras quejas por haber tardado 10 horas más por la negligencia de la compañía: "lo siento, pero no podemos hacer nada, ni compensarlos de ningún modo, porque al final han llegado, además, aquí la gente nunca se queja por llegar tarde". This is Bolivia, y a veces, sólo a veces, saca a uno de sus casillas.

sábado, 5 de abril de 2008

6 meses: sumo y sigo

Llegar a La Paz y verla por primera vez desde El Alto: un cielo de luces en la noche. Encontrar mi departamento: amor a primera vista. El soroche. La primera cena en el Maphra On. La Cinemateca. Pasear los domingos por El Prado. El desparpajo de Sandra. Ver el salar desde la Isla Incahuasi. Las lagunas y el viento. Un fin de semana de cartas en Sorata. Una tarde en la Calle Graneros. Descubrir el Soho y ver Andalucía en la Calle Jaén. La Dante: mi pequeña Europa las primeras semanas. Las noches "made in Spain" en el Rincón. Los cafés con Raúl: conversar sin pretensiones. La Gota de Agua: Bolivia en estado puro. Las noches de pizza y charla en mi departamento. Un domingo en el montículo. Las tormentas desde casa de Pau. El trimate. Bolichear. La cena de Navidad adelantada. La risa de niña traviesa de Inma. Las compras en la Sagárnaga. El Angelo colonial y el pastel de quinua. Las montañas que rodean La Paz. Las vistas desde la Torre Azul, de noche y en buena compañía. Las estampas del Alto. Los colores de la música boliviana. Pisar Machu Picchu. La luna llena sobre Cuzco. Los mercados de La Paz, todos y cada uno. Coroico y los ruidos de animales desconocidos. Un fin de año con calor: Buenos Aires, mi preferida. Salteñas y Coca-coca cola. 4 países en 4 días. Saber qué significa amar a la Pachamama. Ver el Cerro Rico. El pejerrey. Aprender tango. Iguazú y sentir la fuerza del agua. Sopocachi al atardecer desde mi ventanal. Las incomprensibles formas del Valle de la Luna. La incertidumbre de no saber qué va a pasar en este país mañana. Chile en un coche. Los paisajes del altiplano. El oriente y el occidente bolivianos: la antítesis. Las Flores y no dejar de reír. Subir a la Muela del diablo sin previo aviso. El singani: chuflays y yungüeñitos. La feria de El Alto. Pisar el Perito Moreno y verlo resquebrajarse. La isla del sol y sentir el azul del Lago. Los coloridos trajes de las cholitas. La Plaza Murillo los sábados por la mañana. Los cafés y confidencias en el Sur. Las visitas "fenómenas": chutes de energía. Ver la cordillera real de los Andes. Almorzar en el Café Café cultural. Entrar en una mina. La luz del sol paceño. Una Huari bien fría. La Casa de la Moneda: la historia de Bolivia. Los aguayos. Pasear en moto por San Ignacio. El atardecer de Concepción a Santa Cruz. El cielo azul de La Paz. La música de un violín en un templo del siglo XVIII en mitad de la nada. Fibisita con su jerga y con su fuerza. Ver cada mañana el Illimani desde el ascensor. Sentirme en casa. Cumplir sueños. Vivir entre nubes. Celebrar mi ecuador y el cumple de Pati en un pueblo perdido de la Chiquitanía boliviana, bajo un tajibo, comiendo chicharrón de surubí y brindando con sidra...

martes, 1 de abril de 2008

Potosí, por fin

Después de mil intentos fallidos, logramos que nuestros planes no se fastidiaran por bloqueos y protestas y llegamos a Potosí.
Es una ciudad que poco tiene que envidiarle a Cuzco. Se trata de la capital del departamento (equivalente a comunidad autónoma) más pobre de Bolivia. Lo cual es toda una paradoja ya que el Cerro Rico mantuvo la economía europea durante 3 siglos.
Visitamos una mina. Fue espectacular y muy impresionante. En Bolivia estas cosas no están montadas para los turistas en el sentido de que no te llevan por una ruta asfaltada ni nada por el estilo. Uno entra a la mina por donde los mineros y si viene el carro lleno de minerales te metes donde puedes. A mí me impresionó. El sitio era agobiante por el calor y el polvo, pero la experiencia merece la pena. Hay 15.000 mineros de los que 3.000 son niños. Triste. Viendo esto interiorizas la magnitud de las diferencias existentes entre dos personas por haber nacido en sitios distintos, las oportunidades que a nosotros nos vienen dadas por el simple hecho de nacer en un país desarrollado y a las que mucha gente aquí no podrá acceder ni aunque viva 300 años en esta vida, por mucho esfuerzo que hagan o por mucho que lo intenten.


Al día siguiente visitamos La Casa de la Moneda, que es uno de los edificios mejor conservados de la época colonial. Le llaman el Escorial de América y la verdad es que es un edificio bastante bonito. El lugar es una joya. Estremecedor saber cómo trataban a los indios en aquélla época, obligándolos a trabajar hasta morir en condiciones infrahumanas sólo para acuñar monedas. Durante la visita guiada pusieron a parir a los españoles cientos de veces. Entre nosotras surgió el debate de si esos españoles son tan antepasados nuestros como de los que habitan este continente ahora y no llegamos a ningún acuerdo.
Potosí ha sido un antes y un después en la imagen que yo tenía de este país. Me parece aún más pobre y más víctima del expolio que sufrió en el pasado.

lunes, 24 de marzo de 2008

La fábrica de la felicidad

Cada viaje me doy más cuenta de que son tan importantes el destino y la compañía como la actitud que uno tenga. Si hay una característica que yo le pondría a los 4 días en Chile es la de espontáneo. Y eso no le ha restado diversión, sino todo lo contrario. Esta espontaneidad o falta de planes, hablemos claro, ha hecho que nuestro destino no haya sido Chile en sí mismo, ni cada uno de los pueblos en los que hemos parado (en algunos casos decir que hemos visitado, sería exagerar un poco), sino el camino de un sitio a otro: las horas de carretera.

Alquilar el coche fue una cuestión de suerte: todo cerrado en Viña y viene a pasar por delante nuestra, cuando ya casi habíamos perdido la esperanza, el dueño de un Rent a car. Y el coche se convirtió en nuestra sitio de tertulia, donde hablar de todo un poco, cantar todo lo cantable (faltó Camilo Sesto, eso fue un fallo grave) escuchar declamaciones acerca de los sitios a los que nos dirigíamos y de muchas risas. Me gusta viajar en coche, aunque no tanto como hacerlo en tren, pero en esta ocasión las horas se pasaban volando y tanta charla y tanto cante hizo que, sin que ellos se dieran cuenta, Sara y Álvaro despertaran en mí nuevas inquietudes, y he vuelto con ganas de empaparme de Camarón y de acabar el año hablando todo el italiano que pueda.


Creo que viajar, vayamos donde vayamos, es algo más que trasladarse de un sitio a otro. Si uno se deja, el camino le puede llevar a muchos lugares: desconocidos, olvidados, familiares... Me quedo con una frase de Marcel Proust que me gustó mucho: "El verdadero descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos".
Descubrir, al fin y al cabo, las cosas que a uno le hacen feliz.

domingo, 23 de marzo de 2008

Santiago

El recuerdo de mi primera visita a la capital de Chile siempre será el de última estación en este viaje por el sur de América, el de una ciudad de la que me marché de madrugada y sin querer, tras inevitables despedidas y con la mente en palabras que hablaban de sueños y primavera.

Reencuentro con el mar

Casi 6 meses sin ver el mar, sin olerlo y sin sentirlo. El viaje a Chile ha supuesto el reencuentro con él, con sus sonidos, con sus colores y con su aroma; con las imágenes tan nostálgicas que recrea el agua al atardecer y con la paz que da mandarle todos tus pensamientos. Desde una colina vimos el Pacífico por primera vez, el otro horizonte. Jamás me imaginé que estaría viendo el mar con "mi mundo" a la espalda y la mirada puesta en dirección a Australia. Y desde otra colina contemplamos el puerto de Valparaíso, y cerré los ojos y dejé que los sonidos de las grúas y las gaviotas me transportaran rápidamente a Algeciras. Al día siguiente tocamos la arena por primera vez, en Maitencillo, de noche; y nuestra penúltima noche dimos un paseo de esos que aquí tanto me faltan, por La Serena, bajo las estrellas, dejando que las olas rozaran nuestros pasos.

Allí, bajo el faro y a solas, tuve uno de esos momentos en los que uno se confiesa con el mar, y recordé una tarde hace años cuando a la salida de Telesur me fui a la playa en busca de respuestas. Me sentí tranquila por no tener que preguntarle esta vez.
Inesperadamente la primera noche que visitamos la playa me vino el pensamiento de J. a la cabeza, el de su eterna e inevitable ausencia. Hacía mucho tiempo que no lo recordaba. Me sigue apenando mucho que no esté, creo que aunque pasen décadas siempre que mire el mar pensaré en él y en como se fue de repente, dejando tantas almas rotas. Esa noche también me acordé de Noelia, de nuestros paseos y conversaciones frente al peñón, y del regalo que me hizo el día antes de venirme, el de llevarme a Getares de madrugada, por sorpresa, para que me despidiera de la playa y de ella.
Ha sido un reencuentro con el mar, pero también con emociones que la distancia había adormecido y a las que a veces me es muy difícil volver.

viernes, 21 de marzo de 2008

Versos

Valparaíso, primera parada en este primer contacto con Chile. Ciudad portuaria, de colinas y colores, donde visitamos el refugio de Neruda, La Sebastiana, un día nublado que invitaba a profundizar en su sensibilidad y en su poesía. La tienda de souvenirs estaba llena de postales con dibujos y versos. Creo que los siguientes reflejan una actitud bastante positiva y enérgica con la que afrontar el día a día:


"Yo no voy a morirme,
salgo ahora en este día
lleno de volcanes
hacia la multitud,
hacia la vida".

jueves, 20 de marzo de 2008

Buenos Aires, de nuevo

Dejo atrás los glaciares, la nieve, y de nuevo aterrizo en el caluroso y húmedo Buenos Aires. Me encanta esa ciudad y lo que me provoca bajarme de un avión y tenerla ante mí para hacer lo que quiera. Me pasa con ella como con Berlín, son ciudades con personalidad, que enganchan, que a pesar de las expectativas, a mí no me decepcionan.

Tras una breve visita a la ofecome porteña me regalo unas horas de civilización y compras en Palermo Soho. Compro ansiosa todo lo que veo. En La Paz no hay tiendas con ropa que me guste, no al menos que me guste tanto como esta (sentarse a observar los modelitos de todo el que pasa por la Plaza es un entretenimiento en sí mismo). No tengo queja, pero de vez en cuando se agradece tener donde desahogar la vena consumista. Por la tarde el Skype me permite ver reunidos en mi habitación de Algeciras a gran parte de mi familia, y por fin, después de casi 6 meses, ver a mis dos pequeñinas (me reprimo las lágrimas porque estoy en público), a las que tengo tantas ganas de achuchar: María y Helena, igual de traviesas y tímidas . A veces las nuevas tecnologías son una bendición.

Por la noche diluvio, cena con salmón en un lugar de esos que echo tanto de menos en Bolivia, un restaurante con detalles en cada esquina, con nombre francés y carteles en italiano, y después visita a la Catedral del Tango: ambiente decadente por fuera, pero cool, como parece ser todo en esta ciudad, por dentro.


En uno de los sillones del bar se produce uno de esos momentos surrealistas que me da a mí que son tan habituales en Buenos Aires. Mientras Encarni y yo tenemos una típica charla de chicas, dos argentinos se sientan en el sillón de al lado, brindan con nosotros y tras contarnos con total naturalidad que las ciudades tienen sexo (Madrid es una mujer, y Barcelona un hombre, según esta teoría, aunque yo pienso lo contrario), uno de ellos, al descubrir que somos andaluzas y que estamos en plena Semana Santa se arranca y nos canta una saeta. Allí, en mitad del bar y ante los ojos atónitos de los de la mesa de al lado, y los nuestros claros, porque ninguna de las dos nos sabíamos la letra y nadie nos había preparado mentalmente para que un Miércoles Santo en un barrio de Buenos Aires un argentino (con la cabeza rapada y pantalones estrechos, es decir, nada que ver con un capillita) nos cantara una saeta.

En fin, anécdotas que hacen que esta ciudad tenga para mí tanto encanto. No tengo días para volver. Me va a costar no despedirme de ella por todo lo alto.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Hasta la vuelta, flores

Y me voy del Calafate, pero no me da pena porque mañana estaré en Chile, de road trip, pero me cuesta un poquito despedirme de las dos flores (pronunciado con el acento murciano de Esperanza) con las que he compartido el viaje, aunque sólo sea por unos días.
Patri y Esperanza han sido compañeras de viaje alucinantes. El humor de una conjugado con los momentos payasos de la otra esconden o mejor dicho, aderezan a dos mujeres hechas y derechas pero también a dos niñas con ganas de "jugar" y de reírse y de pasarlo bien sin dobleces... y de conocer, de empaparse de todo lo que las rodea. Al igual que Sandra e Inma. Saber que todas están en La Paz hace que volver no cueste tanto.


¿Para cuándo la próxima escapada?

martes, 18 de marzo de 2008

Los sonidos de la naturaleza

Nuestro último día completo en El Calafate emprendimos con ganas (yo con un poco de miedo, todo hay que decírlo) la excursión para caminar con crampones por encima del famoso Perito Moreno. Pensábamos que ya nada iba a impresionarnos después de haber visto glaciares e icebergs el día anterior.
Antes de comenzar el trekking nos dejaron que contemplásemos durante 20 minutillos el Perito Moreno, que no es el más grande, pero sí el que mejor acceso y mejores vistas tiene. A pesar de haber visto otros glaciares el día anterior, este nos pareció bastante más brutal, es decir, una masa kilométrica de hielo condensado ante nuestros ojos.

Estábamos haciéndonos fotitos flipadas, cuando de repente escuchamos un sonido, un sonido inolvidable y creo que en los días que me quedan: irrepetible. Fue entonces cuando pudimos ver como se caía un trozo de pared del glaciar. No hay palabras para describir lo que sentimos al ver caer lentamente el hielo y hundirse con una fuerza desmesurada y creando pausadas olas en el lago al que caían los cascotes de hielo. Puede parecer exagerado, pero no hay descripción que haga justicia a un momento tan extraordinario. A nuestro lado un chico decía “ayer estuve tres horas y no vi nada, y hoy vengo un rato, y veo esto, vaya suerte, vaya suerte” y todo el que estaba allí gritaba de incredulidad. En fin, sin palabras: un regalo para los sentidos, un momento emocionante, unos segundos inolvidables en ese lugar de vientos; en ese fantástico y remoto rincón del mundo.

domingo, 16 de marzo de 2008

Un lugar remoto

Recién aterrizadas en El Calafate, contemplando el cielo y la aridez desde el taxi que nos lleva al hostal, me siento por primera vez en mi vida en un lugar remoto. Me siento lejos de todo.


Paseo por el pueblo, un pueblo de árboles de navidad y de madera; un pueblo del norte en el sur. Y por la noche, un sonido familiar que me sorprende: el viento. Hacía tanto que no lo oía.

viernes, 14 de marzo de 2008

Vacaciones de verdad

Viernes, 9 de la mañana, aún quedan varias horas para que acabe mi jornada laboral, pero mi mente lleva ya mucho tiempo fuera de la oficina, de hecho desde ayer ya no está en La Paz, sino recorriendo los caminos que me lleven de nuevo a Buenos Aires por unas horas y después a conocer con temor y ansia los glaciares del sur de Argentina y más tarde a Chile, el país más estrecho del mundo a orillas del Pacífico.
No sé qué visitaré en Chile, ni si estoy preparada para andar por encima de un iceberg, pero ¿qué más da?, si finalmente voy a tener unas vacaciones de verdad, de 10 días sobrevolando el hemisferio sur.
Iba a decir que mañana comienza la aventura, pero en realidad la aventura comenzó el 5 de octubre. Lo que mañana inicio es uno de sus capítulos más emocionantes en el que hacer algún que otro sueño realidad.

miércoles, 5 de marzo de 2008

5 momentos de mis 5 meses

"Las fotografías poseen una fuerza evocadora poderosa. (...) Al congelar una gota de tiempo, al parar el mundo, es como si la vida quedara encapsulada, como si de verdad hubiera conseguido detener el imparable resbalar de los minutos hacia la nada. Las fotos son un espejismo de la eternidad". Almudena Grandes


martes, 4 de marzo de 2008

Cosas de Bolivia

El domingo pasado mientras esperaba para coger el avión de vuelta a La Paz desde Cochabamba vi este vídeo musical entre uno de W. Houston y otro de Justin Timberlake... esto es pop y videoclips y lo demás son tonterías.



El que haya visto una cholita igual que levante la mano.

domingo, 24 de febrero de 2008

Nostalgia

... del mar, de mi tierra, de mi casa.

martes, 19 de febrero de 2008

Una ráfaga de alegría

Como si ya fuera costumbre, de nuevo me convierto en cicerone por La Paz, esta vez con Encarni, Nacho y Rubén: Ir a desayunar a la Calle Jaén, pasear por la Plaza Murillo, ver el mercadillo de la calle Comercio, la Plaza San Francisco, el Angelo Colonial y una última visita para tocar las estrellas y contemplar la magia de las luces que por la noche salpican todo el horizonte de la ciudad. No hice planes para este fin de semana, dicen que lo más inútil que existe es un plan para divertirse... todo fue muy repentino: los billetes a última hora y un prolongado racimo de correos (vamos... no vamos... no tenemos los días... por fin los tenemos... tengo miedo...). Todo fue rodando al ritmo que marcan las sorochipills, los chuflays, los yungüeñitos y las ganas de divertirse del trío bonaerense. Y en menos que canta un gallo mi miedo a que el soroche los tumbara desapareció y en mitad de La Gota de Agua comienzan a bailar como si los sonidos de tinkus y morenadas no les fueran desconocidos. Tras la tempestad del folclore boliviano, la calma de mi casa y las risas con la tortuga fluorescente surgida en mitad de la oscuridad.

El domingo lo despedimos en el peculiar paisaje del Valle de la Luna, donde nos creímos todos modelos por un día. Ahí se vio que nosotros también somos guiris aquí. Y por la tarde, a hacer más el guiri: subiéndonos de nuevo mil en un taxi, poniéndonos los típicos gorros del altiplano, comprando como locos todo tipo de artesanía. Todo amenizado con mis pataletas infantiles y repentinas por saber que en breve se marcharían. La última noche cenita en el Sol y Luna: Noche de velas, abrazos y palabras de cariño. Noche de bailes en el Mongo's y noche de fiestecilla improvisada en mi casa, con quejas vecinales incluidas. Y así, se hicieron las 4 y pico, riéndonos de todo y compartiendo con I. y con Yako momentos de payaseo incalificables.

Siempre he pensado que recibir visitas es un poco como viajar. Uno ve la ciudad que enseña con los ojos de para quien todo es nuevo y redescubre rincones olvidados y encuentra lugares desconocidos. Con las personas ocurre lo mismo. Estos días tan breves, pero tan intensos, me han permitido conocer un poquito a Nacho, su sentido del humor y sus ganas de pasarlo bien; pero también he podido redescubrir a Encarni y Rubén, lejos de los agobios del año pasado, lejos de la presión y el estrés. A ella, con su alegría y sus gestos inquietos, signos de que está atenta a todo y disfrutándolo todo, a pesar de su contractura o el cansancio (cómo me gusta que alguien sea capaz de decir "me mola la vida"). A él, con sus ganas y su disposición a cualquier plan, con su atención e interés por todo y por todos, y con sus abrazos llenos de serenidad.