lunes, 30 de junio de 2008

Campeones, campeones, oeoeoeoeeee

Sólo nos faltaba a los españoles que estamos por aquí que España llegara a la final para, con excusa, reunirnos para liar la pajarraca. Y sólo nos faltaba que ganara España la Eurocopa para un domingo por la tarde no dejar títere con cabeza en el primer bar que hubiera abierto. Yo pensaba que durante el partido perdía la voz, pero qué va, después fue peor si no gritamos 100 veces "Viva Casillas", "viva Torres", "Espaañaaaaa"... pues no lo dijimos ninguna. Se puede decir que fue hora y media de tensión y casi 10 de celebración (con baño en una fuente incluido, que yo no quería pero me metieron a la fuerza con el frío que hace aquí). En el Mongo's nos faltó el mítico pasodoble de Manolo Escobar, pero vamos, que ni por esas se nos bajaron los ánimos y las ganas de gritar "campeones, campeones, oeoeoeoeeee".



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jueves, 26 de junio de 2008

El infierno de las minas

En Bolivia la pobreza está presente a cada paso. Al principio impresiona, pero a mí me resulta aterrador lo rápido que uno (al menos yo) se acostumbra a convivir con ello. A ver a ancianos y niños pidiendo en cada esquina. Supongo que mi actitud, la de mirar a otro lado y pensar en que yo no puedo hacer nada es un arma de defensa como otra cualquiera, lo que no quiere decir que sea la forma de mirar la vida más correcta, probablemente sea la más egoísta. Sin embargo, a ratos uno ve cosas en este país que le parten el alma por muy gruesa que sea la armadura que te pones para salir a la calle. Ayer mismo vi como un niñito que no tendría ni dos años comía un trozo de carne solo, en el puesto de su madre en la calle Sagárnaga. Estaba solo y comiendo a una edad en la que en Europa los niños comen potitos y no se concibe que coman un pedazo de pechuga de pollo sin trocear solos con las manos. No sé, la escena descrita no es tan dura como en vivo y en directo. Los niños aquí no tienen infancia y se percibe en momentos como estos.

Hace unos meses entré en una mina en Potosí y la experiencia fue brutal, no porque yo sufriese ni de lejos la dureza de las minas, sino porque viendo tan de cerca las condiciones en las que los mineros viven cada día te da una idea de la vida, por llamarlo de algún modo, tan horrible que tiene esa pobre gente. Muchos, la gran mayoría, muere entre los 35 y 40 años de silicosis. Lo saben desde el principio, pero no hay otra cosa que hacer.

Estamos hartos de oír eso de que en algún sitio del mundo alguien cobra 2 dólares al día mientras en Europa los malgastamos en chorradas en un segundo y ganamos mil veces más. Escuchamos esto, pensamos "qué grave" y seguimos con nuestras vidas. Sin embargo, cuando uno ve un documental como "The devil's miner" esta frase encuentra un desafortunado protagonista, con nombre y apellidos, y unas circunstancias que hacen llorar al más duro y le hacen a uno replantearse lo que puede hacer en este mundo para no sentirse una basura por dejar que ocurran cosas así.

Basilio es un niño que trabaja en las minas, que mantiene a su familia con sólo 14 años (desde que tenía 10), y que se ha visto en esta desgraciada situación por una causa tan aleatoria como la muerte de su padre. El niño tiene maneras de adulto dentro de la mina, pero sigue siendo un niño cuando va al colegio, cuando juega a la pelota con su hermano o cuando piensa en el miedo que le da que en el recreo sus compañeros se rían de él porque trabaja en la mina (los niños que trabajan en la mina potosina son tantísimos que ya les tienen puestos hasta motes como "chupapiedras"). Ver el documental habiendo estado en la mina me da una dimensión de realidad que me angustia muchísimo. Allí no hay quien respire, es peligrosísimo, los accidentes están a la orden del día y desde luego es el último sitio donde tiene que crecer un niño.

Ver a Basilio es duro, pero él ha asumido su papel de cabeza de familia y lo lleva con dignidad y sin miedo. Sin embargo, escuchar como su hermano menor cuenta el miedo que le da que Basilio tenga un accidente en la mina hace que a uno se le rompan los esquemas y la rabia lo consuma. Un niño tan pequeño no debería tener esas preocupaciones de adulto. Pero aquí en Bolivia no es el primero que veo. Recuerdo en Sorata el niño de 8 años que atendía solo el restaurante de sus padres con los gestos de un camarero adulto, pero la mirada y la inocencia de un niño cuando le enseñabas una foto o le preguntabas por el cole.
Esta película y otras como esta habría que pasarla en los colegios occidentales pero también en colegios a los que van los niños ricachones bolivianos, para que los niños pijos y frívolos que abundan cada vez más en este mundo se preocupen un poco menos por que el color de sus pendientes vaya a juego con el de su chaqueta y se den cuenta de las pocas oportunidades que tienen otros niños como ellos por circunstancias que nadie elige. Hay que verla con las ventanas del alma bien abiertas, para que nos entre toda la mierda que transpira la realidad que viven algunas familias potosinas y ver si de este modo nos despierta un poco la conciencia y nos entran ganas de hacer cosas por gente como esta, para la que el futuro no es más que la espera de una muerte sin anuncio. Siento el pesimismo, pero películas como esta no me invitan a pensar con más alegría sobre este lugar tan gris y tan superficial que a veces me parece el mundo.

miércoles, 25 de junio de 2008

Recuerdos

Sé que la canción es malísima, pero hoy tengo muy presentes los recuerdos que me trae: a tardes de verano en Getares, rebujitos en la feria y noches de billar.

jueves, 12 de junio de 2008

Descubriendo a Ayo

Me encanta Ayo: su estilo musical y su voz tan personal. A veces sus letras son demasiado desgarradoras, exageradamente pasionales a mi juicio, pero supongo que habrá a quienes en ciertos momentos de su vida no les quede otra que reaccionar así.

martes, 10 de junio de 2008

Planes de verano

Hubo un tiempo en el que nuestros ratos libres acabábamos hablando de todas las espinitas, en el que el consuelo y las risas siempre estaban a unos pasos en la habitación de al lado, en el que las penas se curaban viendo el último episodio de "Mujeres desesperadas" o grabando un vídeo a horas intempestivas. Una época, difícil en cierto modo y llena de preguntas para las tres, en la que las lágrimas (reales o figuradas) se secaban con abrazos llenos de un cariño que siempre estaba ahí, saliendo de tapas por el barrio o con charlas sin final.

Nada y todo ha cambiado desde que se acabó esa época. Todo porque ese piso de Madrid dejó de ser "nuestra casa" aunque cada vez que pase por Guzmán El Bueno lo recordaré como nuestro hogar; y nada porque los mails mañaneros siguen su curso cada día, porque cuando os escucho es como si os hubiera visto ayer, porque sin estar estamos presentes y porque en dos meses uno de nuestros planes más que hablados se va a hacer realidad.



Mojitos, mi amol, playita, una semana sin estrés, esa isla, el verano, agosto y, lo más importante, vosotras. Un plan de ese mundo de los sueños, de esos "¿te imaginas?" que va tomando forma real. Qué inesperado, che. Hoy estoy tan feliz que hasta me da miedo.
Espero que ningún ciclón venga a aguarnos la fiesta. Cruzo los dedos.

domingo, 1 de junio de 2008

In bocca al lupo!

Davit ;-), muy buen viaje al hemisferio sur. No podía dejar de "colgarte" una canción que seguro te traerá recuerdos. Emprende con muchas ganas esta aventura, que un año pasa volando y lo verdaderamente importante seguirá en su sitio a la vuelta.
Un abbraccio e tanti baci!!!