martes 25 de agosto de 2009

Diana

Los nubarrones lo envuelven todo. Inmóviles encapotan el cielo y nublan la mente, el corazón y todos los sentidos. La antesala del hastío. Una trampa mortal.

Ella se erige en mitad de esas oscuras formas que recuerdan al algodones sucios, alza su mirada al horizonte y enfrenta con fuerza y valentía lo que está por venir.

Ella más que una estatua, más que una escultura, inequívocamente es un símbolo.

lunes 6 de julio de 2009

Noche de tormenta

Lo mejor de las lluvias es el sonido de la tormenta, y observarla tras las cristaleras de un 6º piso en pleno DF.

martes 28 de abril de 2009

Fiebre porcina = fiebre mediática

Estoy leyendo en mi casa en Distrito Federal las noticias que llegan desde todos los rincones del mundo sobre la gripe porcina.

El domingo regresé a México desde España sin que al hacer el check-in ni al subir al avión nadie nos dijera nada acerca del virus. Sin pasar ningún control más que los que se hacen normalmente, y sin escuchar ninguna comunicación oficial por parte de la compañía aérea ni de las autoridades españolas acerca de lo que pasaba aquí.

12 horas más tarde, al llegar a México la madrugada del domingo al lunes (hora española), me llegaron varios mensajes desde España, donde estaban alarmados por las noticias. Y al día siguiente, el lunes por la mañana en México (por la tarde en España) la psicosis estaba desatada, y por si fuera poco, un terremoto de 5,8 grados sacudió la ciudad. De repente México se convirtió en el centro del mundo. Más noticias, o más ruido mediático, y la mente por momentos nos llevaba a pensar en que había llegado el Apocalipsis.

Hoy martes ya leo que la situación mundial que ha generado la gripe porcina se está comparando con algunas epidemias sucedidas a lo largo de la historia de la humanidad. Todo esto ayuda poco a los que estamos aquí y menos a los que desde la distancia nos piensan y no les es fácil hacerse una idea de cómo es nuestra vida aquí, y menos en estas condiciones.

Somos muchos los que estamos trabajando desde casa y los que por precaución evitamos lugares concurridos. Pero si uno pone un pie en la calle ve a gente, unos con mascarillas y otros sin ella. Decir que el DF es una ciudad fantasma es una exageración grave. En una ciudad que supera los 20 millones de habitantes, es inimaginable pensar en calles vacías, en carreteras sin coches y en silencio. Hay menos gente, menos coches, pero sigue habiendo ruido. En esta ciudad, afortunadamente, la vida no se ha parado, ni por la gripe ni por los temblores, ni por el miedo que impregna cada noticia sobre este país.

lunes 13 de abril de 2009

Sueños de agua

Hay un lugar en el mundo en el que se reúnen las cualidades de los paraísos con los que muchos soñamos. En ese lugar, pareciera que el tiempo en algún momento decidió detenerse, y hacer su ritmo más pausado y tranquilo.

A este paraíso llegamos con maletas y sin prisas, y encontramos una cabaña a los pies del mar, con una hamaca en el porche desde la que se veía la arena blanca y el mar turquesa; desde la que sentir el viento y escuchar el sonido de las palmeras.

En este paraíso, volví a sentirme una niña que, sin preocupaciones, montaba en bicicleta con su pandilla en busca del atardecer. En busca de algún rincón en el que disfrutar del último baño del día bajo un cielo espectacular. Pienso que las mejores fotos, muchas veces son las que no se hacen, las que se nos graban en la mente para siempre. Yo tengo la de la silueta de mis tres compañeros de viaje con el anochecer de fondo, subidos en sus bicicletas de vuelta a nuestra cabaña.

Allí, las mañanas te regalaban una luz cegadora que se reflejaba en la arena blanca y las aguas turquesas. Esta claridad se te metía por los poros y te llenaba de energía.

La isla fue también un universo de sensaciones. De inolvidables sabores: a guacamole, a ceviche de pescado fresco, a mango, a champiñones; de inconfundibles colores: el verde amarillento de las palmeras, el azul del cielo, y esa mezcla tan bella de blanco y azul, de arena y mar.
Y fue, sobre todo, una nube de emociones en la que subirse por unos días y dejarse llevar sin pensar en nada.

Durante el trayecto de vuelta pensé alguna vez si estaba soñando. Pero la arena de mis zapatos y el recuerdo de música de unos timbales y una guitarra española me pellizcaron en el estómago y me hicieron esbozar una sonrisa.

Incomprensiblemente los mayas llamaron a este lugar “hoyo negro”, mientras yo no dejo de pensar en la luz de Holbox.

De vuelta al DF, el aroma a sandía y una nota me recordaron el comienzo de estas maravillosas vacaciones, en el otro extremo del país donde me reencontré con las largas conversaciones con mi canaria preferida.

domingo 22 de marzo de 2009

Música en la cabeza

Semana completita que empezó con melodías de esas que forman parte de una vida...



...y terminaba con el descubrimiento de otras que van convirtiéndose en algo especial.

viernes 13 de marzo de 2009

Aterrizando

Podría decirse que el título de este post encierra cierto sarcasmo. Pero la verdad es que no. Pisé hace 4 meses el DF y podría decir que no he aterrizado aún. Llevo meses posponiendo el aterrizaje, dejando para luego sumergirme de lleno en esta ciudad. Quizá estaba esperando al momento adecuado, en el que tuviera todos los pequeños detalles que conforman una vida ordenados, para ponerme a bucear en esta urbe fantástica y sentirme parte de ella.
Hoy me he dado cuenta de que esta pretensión es absurda porque nunca vamos a tener todos los flecos de nuestra rutina bien establecidos. Al menos, al parecer, en México, yo no.
Así que, después de haber recibido una pequeña bofetada de la realidad. Después de posponer durante días la colada y ver cómo diluviaba en DF justo cuando ya la había tendido y estaba lejos para recogerla. He pensado que ya es hora de asentar los pies en la tierra y pasear en busca de los rincones de esta ciudad, y sentirme poco a poco una más en esta jungla de asfalto tan fascinante.
Tripulación, aterrizando.

domingo 2 de noviembre de 2008

Levando anclas

En estos últimos meses, la vida me parece fascinante la mayor parte del tiempo y un tanto absurda, aunque muy pocas veces, otro tanto. Después de un año repleto de imágenes y de colores, vuelta de nuevo a casa, aunque sigo sin saber si realmente esta es más mi casa que Madrid o La Paz. Un mes en el que ordenar sensaciones, vivencias y recuerdos. Un mes en el que supuestamente habría que haber estado mirando hacia atrás, pero no ha habido tiempo para eso. Aterricé mirando el horizonte, y solo he vuelto la vista atrás para mirar más allá de ese año en Bolivia que ahora me parece un espejísmo.

Vuelvo aquí, y vuelvo a mí. Mientras escucho Coldplay y Radiohead y veo la lluvia estamparse con fuerza sobre la luna del coche de Mike, charlando o con los silencios de quienes se saben bien y no tienen que forzar palabras para estar a gusto... entonces, siento cómo encuentro de nuevo ese lugar, esa sensación de hogar, de estar en casa. Sensación que en repetidas ocasiones, estos días aquí, me han hecho sentir Cynthia y María, la sensación de volver... la misma que tengo con Dulce en cualquier lugar o con Naza, sobre todo en Fuencarral, esa será siempre nuestra calle. Donde los silencios no necesitan palabras. La misma que siento ahora, de nuevo, en mi casa, contemplando las mismas vistas que miraba cuando estaba en el colegio, escuchando el ruido de la cocina, sintiendo la presencia de mis padres en cada rincón de mi casa... volviendo al hogar.
Ahora que poco a poco me he vuelto a acostumbrar a todo, de nuevo, toca levar anclas y zarpar hacia el oeste. Otra vez toca dejar todo lo conocido y adentrarse en lo nuevo, toca mirar al horizonte en busca de los colores que están por venir. Es la ilusión de esperarlos lo que hace que todo cobre un sentido, y yo los espero con la paciencia de quién los ha visto a lo lejos.

Parece que la aventura, lejos de acabar, está a punto de continuar...