martes, 28 de abril de 2009

Fiebre porcina = fiebre mediática

Estoy leyendo en mi casa en Distrito Federal las noticias que llegan desde todos los rincones del mundo sobre la gripe porcina.

El domingo regresé a México desde España sin que al hacer el check-in ni al subir al avión nadie nos dijera nada acerca del virus. Sin pasar ningún control más que los que se hacen normalmente, y sin escuchar ninguna comunicación oficial por parte de la compañía aérea ni de las autoridades españolas acerca de lo que pasaba aquí.

12 horas más tarde, al llegar a México la madrugada del domingo al lunes (hora española), me llegaron varios mensajes desde España, donde estaban alarmados por las noticias. Y al día siguiente, el lunes por la mañana en México (por la tarde en España) la psicosis estaba desatada, y por si fuera poco, un terremoto de 5,8 grados sacudió la ciudad. De repente México se convirtió en el centro del mundo. Más noticias, o más ruido mediático, y la mente por momentos nos llevaba a pensar en que había llegado el Apocalipsis.

Hoy martes ya leo que la situación mundial que ha generado la gripe porcina se está comparando con algunas epidemias sucedidas a lo largo de la historia de la humanidad. Todo esto ayuda poco a los que estamos aquí y menos a los que desde la distancia nos piensan y no les es fácil hacerse una idea de cómo es nuestra vida aquí, y menos en estas condiciones.

Somos muchos los que estamos trabajando desde casa y los que por precaución evitamos lugares concurridos. Pero si uno pone un pie en la calle ve a gente, unos con mascarillas y otros sin ella. Decir que el DF es una ciudad fantasma es una exageración grave. En una ciudad que supera los 20 millones de habitantes, es inimaginable pensar en calles vacías, en carreteras sin coches y en silencio. Hay menos gente, menos coches, pero sigue habiendo ruido. En esta ciudad, afortunadamente, la vida no se ha parado, ni por la gripe ni por los temblores, ni por el miedo que impregna cada noticia sobre este país.

lunes, 13 de abril de 2009

Sueños de agua

Hay un lugar en el mundo en el que se reúnen las cualidades de los paraísos con los que muchos soñamos. En ese lugar, pareciera que el tiempo en algún momento decidió detenerse, y hacer su ritmo más pausado y tranquilo.

A este paraíso llegamos con maletas y sin prisas, y encontramos una cabaña a los pies del mar, con una hamaca en el porche desde la que se veía la arena blanca y el mar turquesa; desde la que sentir el viento y escuchar el sonido de las palmeras.

En este paraíso, volví a sentirme una niña que, sin preocupaciones, montaba en bicicleta con su pandilla en busca del atardecer. En busca de algún rincón en el que disfrutar del último baño del día bajo un cielo espectacular. Pienso que las mejores fotos, muchas veces son las que no se hacen, las que se nos graban en la mente para siempre. Yo tengo la de la silueta de mis tres compañeros de viaje con el anochecer de fondo, subidos en sus bicicletas de vuelta a nuestra cabaña.

Allí, las mañanas te regalaban una luz cegadora que se reflejaba en la arena blanca y las aguas turquesas. Esta claridad se te metía por los poros y te llenaba de energía.

La isla fue también un universo de sensaciones. De inolvidables sabores: a guacamole, a ceviche de pescado fresco, a mango, a champiñones; de inconfundibles colores: el verde amarillento de las palmeras, el azul del cielo, y esa mezcla tan bella de blanco y azul, de arena y mar.
Y fue, sobre todo, una nube de emociones en la que subirse por unos días y dejarse llevar sin pensar en nada.

Durante el trayecto de vuelta pensé alguna vez si estaba soñando. Pero la arena de mis zapatos y el recuerdo de música de unos timbales y una guitarra española me pellizcaron en el estómago y me hicieron esbozar una sonrisa.

Incomprensiblemente los mayas llamaron a este lugar “hoyo negro”, mientras yo no dejo de pensar en la luz de Holbox.

De vuelta al DF, el aroma a sandía y una nota me recordaron el comienzo de estas maravillosas vacaciones, en el otro extremo del país donde me reencontré con las largas conversaciones con mi canaria preferida.