"Ya no quiero vivir con los temores, que prefiero entregarme a la ilusión. Vivir el presente hacia el futuro y guardar el pasado en el arcón." Chambao
domingo, 24 de febrero de 2008
martes, 19 de febrero de 2008
Una ráfaga de alegría
El domingo lo despedimos en el peculiar paisaje del Valle de la Luna, donde nos creímos todos modelos por un día. Ahí se vio que nosotros también somos guiris aquí. Y por la tarde, a hacer más el guiri: subiéndonos de nuevo mil en un taxi, poniéndonos los típicos gorros del altiplano, comprando como locos todo tipo de artesanía. Todo amenizado con mis pataletas infantiles y repentinas por saber que en breve se marcharían. La última noche cenita en el Sol y Luna: Noche de velas, abrazos y palabras de cariño. Noche de bailes en el Mongo's y noche de fiestecilla improvisada en mi casa, con quejas vecinales incluidas. Y así, se hicieron las 4 y pico, riéndonos de todo y compartiendo con I. y con Yako momentos de payaseo incalificables.
Siempre he pensado que recibir visitas es un poco como viajar. Uno ve la ciudad que enseña con los ojos de para quien todo es nuevo y redescubre rincones olvidados y encuentra lugares desconocidos. Con las personas ocurre lo mismo. Estos días tan breves, pero tan intensos, me han permitido conocer un poquito a Nacho, su sentido del humor y sus ganas de pasarlo bien; pero también he podido redescubrir a Encarni y Rubén, lejos de los agobios del año pasado, lejos de la presión y el estrés. A ella, con su alegría y sus gestos inquietos, signos de que está atenta a todo y disfrutándolo todo, a pesar de su contractura o el cansancio (cómo me gusta que alguien sea capaz de decir "me mola la vida"). A él, con sus ganas y su disposición a cualquier plan, con su atención e interés por todo y por todos, y con sus abrazos llenos de serenidad.
lunes, 18 de febrero de 2008
De La Paz a la pileta
Qué bajón.
Desde el viernes hasta ayer (bueno, esta madrugada) Encarni, Nacho y Rubén, este trío, del que me he negado a separarme en estos 2 días que han pasado tan rápido ;-), me ha llevado a lo más alto, me han colmado de cariño y alegría, pero su ausencia, y los excesos, todo hay que decirlo, me han dejado hoy en el subsuelo con la sensación de que la cabeza me iba a estallar y con el ánimo escondido en algún rincón de la casa. Qué batacazo al abrir los ojos. Como si hubiera saltado desde una azotea a una piscina profunda en la que dejar que se me taponaran los sentidos. Tantos chuflays tenían que pasar factura.
Os lo dije, "si me quéreis, quedarse" y al final os habéis ido...
jueves, 14 de febrero de 2008
Hoy La Paz era Madrid
Era la misma sensación que tenía cuando en Madrid me escapaba del trabajo- unas veces de camino al master, otras al comienzo de una tranquila tarde de viernes- y quedaba para comer con Isa o con Tere en Colombia, con Adri en La Latina o con mi primo Javi en Gregorio Marañón.
Hoy al salir de la oficina y bajar la Campos hasta la esquina con la 6 de Agosto he tenido esa sensación, la que te produce saber que vas a encontrarte con alguien a quién te apetece ver, con quién por una hora desconectarás de todo... como entonces, como en aquéllos encuentros madrileños: en los cafés con Dulce en Gran Vía, Sol o en cualquier sitio del centro, los domingos con Naza en Argüelles o en Conde Duque, con Josemi tomando tapas en La Rosa o yendo de piscineo...
miércoles, 6 de febrero de 2008
Loving Sudamérica
La otra cara de Bolivia: Santa Cruz
Santa Cruz representa la otra Bolivia, la que no es árida como el altiplano, sino calurosa y húmeda; la de los latifundios, la de la riqueza, las tiendas y las operaciones de estética. Sus gentes no son introvertidas y taimadas y sus rasgos no tienen nada que ver con los rasgos aymaras que abundan en La Paz.
La ciudad se divide en anillos y sus calles me recuerdan a una Cuba que nunca he visto, llenas de edificios bajos y arcos que protegen al viandante de la lluvia más despiadada o del sol más abrasante, según toque.
La humedad se palpa en Santa Cruz, la vida también.
La casa de Rafa y Nuria nos acogió la primera noche de nuestro periplo. Una casa andaluza llena de plantas y con un patio en el que disfrutar de la brisa nocturna hasta que el cuerpo aguante (el mío aguantó poco porque la bajada tan radical de altura a bajura me dejó K.O.). Una casa que antes de venir a este país jamás habría imaginado aquí. Al día siguiente desayuno atípico y delicioso: Crema de Zapallo y tostadas con paté y de nuevo rumbo al aeropuerto. Esta vez Sandra, Rafa y yo al de Viru Viru, donde nos esperaba Ana, subida en el avión de la Tam que nos llevaría fuera de Bolivia, a nuestro segundo destino: Asunción (Paraguay).
Una capital inesperada: Asunción (Paraguay)
La llegada a Paraguay te permite observar la llanura extensa que parece no acabar nunca y que precede a la capital del país. Asunción en sí no es espectacular, pero no está mal. Lo poco que vimos fueron edificios monumentales y una especie de lago que nos regaló un atardecer con el cielo reflejado en el agua, de esos que hacen que todo alrededor sea mágico. Cena esa noche frente al Panteón de los Héroes, en el Lido Bar, atendidos por una camarera con un aspecto genial, y rodeados de niños que más que pedirte te exigían la comida. Como siempre, los niños y la pobreza son un binomio presente constantemente en esta zona del mundo.
Una cosa nos sorprendió de Paraguay y es que todo el mundo lleva un termo y un vasito y van tomando matecito. Si me lo cuentan no me lo creo. En el aeropuerto, paseando por la calle, incluso visitando las cataratas más adelante en este viaje, vimos a gente con sus termos y sus vasitos para el mate.
La magia del agua: Foz de Iguazú (Brasil)
La llegada a Foz de Iguazú la hicimos desde Ciudad del Este (Paraguay) donde nuestro avión aterrizó. Eran las 6 o las 7 de la mañana y cruzamos la frontera, por fin entramos en Brasil, uno de los países que yo creo que más ganas tiene de conocer casi todo el mundo, un país de esos que te transmiten optimismo, buen rollo y alegría. Estereotipos. Brasil es grande, el cuarto más grande del mundo y, por tanto, los ciudadanos de Foz nada tienen que ver con esos estereotipos.
Llegamos con el tiempo justo de desayunar algo y partir rumbo a las cataratas.
El espectáculo: Puerto Iguazú (Argentina)
Las cataratas vistas desde el lado brasileño son pura belleza. Desde el lado argentino son puro espectáculo. Tras coger un tren y cruzar el río Paraná por una pasarela interminable llegamos al lugar desde donde caen las cataratas:vistas desde arriba, las cataratas vistas desde encima de su caída. Impresionante. El lugar te llenaba de energía, la energía del movimiento del agua, de su sonido, de la fuerza que transmite al caer.
Al día siguiente, vuelta a Ciudad del Este y salida hacia Cochabamba, no sin antes pagar la novatada y tener que soltar la guita por una multa sin sentido por la falta de un sello en el pasaporte.
La eterna primavera: Cochabamba (Bolivia)
Cocha, como se le llama por aquí, no me pareció una ciudad excepcional, pero su clima es algo que le alegra a uno el día. El sol es cálido sin abrasar, y una vez más todo un contraste con el altiplano. Estaba de celebración del carnaval, así que nos vimos atacados por una marabunta de gente en mitad de una guerra de globos de agua.
A las doce ya estábamos de vuelta en La Paz. De nuevo en el altiplano, en esta árida ciudad con tanto encanto. Exhausta por el ajetreo del viaje y sorprendida todavía por los paisajes que estoy contemplando en esta parte del mundo.